Jarmila Džuppová
Sabová / Smrek podľa vzoru dub
- Fechas
- 25/1 – 4/2/2018
- Lugar
- DOT. Galería
- Artistas
- Jarmila Džuppová

Jarmila Sabová Džuppová - Smrek podľa vzoru dub
Duración de la exposición: 25.1. – 4.2. 2018
curador de la exposición: Richard Gregor
Al contemplar la situación actual de la pintura eslovaca, conviene reflexionar sobre adónde ha llegado este medio artístico casi trece años después de nuestro intento de «Prievan» (PGU Žilina, 2005). Además del optimismo, expresamos entonces también el temor de que la gran ofensiva de la pintura se convirtiera en su propio verdugo, de que su potencial y el potencial del interés por ella se malgastaran en la aplicabilidad comercial y, con ello, en la acomodación. Hoy cabe decir que nuestros temores estaban en parte justificados.
La pintura contemporánea —es decir, la que surge tras el inicio del tercer milenio— se ha convertido, para bien y para mal, en una mercancía de mercado: por un lado se ha devaluado a sí misma, porque los autores reciclan a veces durante demasiado tiempo estrategias visuales de éxito. Por otro lado, es precisamente a través de ella como el interés de coleccionistas y galeristas ha llegado también a otras posiciones artísticas, incluso a la escultura y al objeto (acaso solo el vídeo «resiste»).
Como subproducto se recuperó algo frente a lo que nos habíamos distanciado después de 1989: una fuerte corriente intermedia. En su nueva forma cambió la concepción del arte que entre nosotros se amparaba hasta entonces bajo ese nombre. Antes se trataba, en esencia, de una producción degradada, incluso kitsch, de la adopción de posiciones consagradas del arte modernista internacional (por ejemplo, el modelo de Francis Bacon, sobreutilizado entre nosotros).
La pintura contemporánea de corriente intermedia, en el sentido positivo del término, opera ya con estrategias visuales considerablemente más amplias; no se aferra a un único «maestro», cuyos análisis repetidos hasta el infinito desembocarían a menudo en absurdos.
A la corriente intermedia se ha desplazado una pintura buena y de calidad, que no se sale de los límites firmemente establecidos del refinamiento y la estética: por un lado no tiene por qué aportar a toda costa temas reveladores, pero le basta el afinamiento lento y seguro de la mano de cada autor o autora.
Sencillamente: con el aumento general de la calidad y de la amplitud de miras, ha entrado en la zona más frecuentada del campo visual una obra que en el pasado quizá habría representado una cima local. Los artistas de los que se habla tienen admiradores también entre coleccionistas, curadores y críticos; de algunos nombres ya sabemos de antemano quién inaugurará su exposición y quién (y a veces incluso qué) escribirá sobre ella.
En muchos casos (¡aunque desde luego no en todos!) sigue vigente la división entre pintura masculina (más cosmopolita) y femenina (más introvertida). En esencia, es un hecho generalmente conocido qué joven artista cursó estudios en qué taller de nuestras tres academias de arte; a menudo ello es visible en las propias obras.
Cabe considerar representantes de una pintura que supera la categoría, hoy todavía sin nombre pero plenamente respetada, de la corriente intermedia «con rostro humano» a aquellos artistas y aquellas artistas que no encajan (exclusivamente) en alguna de las características mencionadas. No son muchos aquellos cuyas obras podemos imaginar dominando, dentro de cincuenta años, las exposiciones permanentes de las galerías, documentando la creación de hoy. Jarmila Sabová Džuppová pertenece sin duda a ellos.
La mano de Džuppová conserva una estilización retro (art nouveau-expresionista), un cromatismo marcado y una significación misteriosa: nunca está claro con certeza qué esconde la banalidad deliberada de la escena, presentada en primer plano. En el pasado, durante los estudios y justo después, los motivos llegaban como fragmentos casuales, situaciones o «naturalezas muertas» de su entorno habitual.
Nunca lo heroizó —geográficamente, Michalovce no es un centro muy relevante ni una ciudad especialmente bonita—, sino que en los cuadros plasmaba el encuentro de su imaginación con lo que la rodea. O, mejor aún, qué imaginación suscita aquello que nos rodea cada día. Un hallazgo y una descripción casi literarios (poéticos) de detalles inadvertidos (por lo general paradójicos).
Desde entonces ha transcurrido un tiempo considerable, y en las pinturas más recientes, de los dos últimos años, se aprecia una mayor madurez de la mano y del pensamiento. En conjunto se manifiesta en una mayor sofisticación y abstracción, en el uso de técnicas para liberar y recubrir (ocultar) emociones o informaciones visuales y textuales; los motivos son menos casuales y, cuando lo son, remiten más a la autora.
El denominador común de la vida de Džuppová en los últimos años es una situación que vive aproximadamente la mitad de la población: la formación y la ruptura de una familia, hijos que transitan de un progenitor a otro, y las peripecias, tensiones, conflictos e incertidumbres que ello conlleva.
Džuppová metaforizó el camino hacia la superación de sus propios traumas a través del solsticio en la obra «Slnovrat - letný» (2017), una pintura de formato medio a la que volvió repetidamente, que repintó y modificó hasta admitir el momento, catárticamente dominante y compositivamente culminante, de un sol radiante.
En otras obras de esta exposición se advierte una cierta mirada retrospectiva: la reevaluación de motivos y situaciones del pasado.
Vuelve a los leitmotiv de algunas obras anteriores (piano, dragón, nuez) e incluso de las más antiguas (zorro) y, tengo la impresión, al reintegrarlos en las pinturas actuales los confronta con un periodo no precisamente grato de su vida, y precisamente así intenta superarlo (neutralizarlo).
Una serie enteramente nueva, y quizá también una orientación futura más dominante, son las estampas (en técnica de punta seca), que para la autora representan un término medio ideal entre el dibujo y la pintura. Fomentar el regreso a la gráfica clásica es una de las ambiciones del centro artístico de Banská Štiavnica «Banská stanica»; una breve estancia estival del año pasado influyó mucho en Džuppová.
Cabría decir que cayó en una tierra muy fértil y preparada, en una artista que, dentro de su propia continuidad, busca en cierto sentido una nueva identidad.
La línea imaginativa del arte eslovaco, como todos sabemos, no es un capítulo cerrado. Capítulo cerrado es quizá el modo en que se interpretó en el pasado: desde sí misma, como valor de un virtuosismo sin finalidad, sin proyección hacia la sociedad, a lo sumo como huida de ella (por ejemplo, en la época de la normalización socialista). Por supuesto, el tema de la huida a un mundo (fantástico) será siempre actual.
Tiene, sin embargo, otra cara. La voluntad de imaginación puede formar parte de la (sub)consciencia colectiva de nuestra comunidad, un modo específico de mantener el estado de una infancia sin problemas (ilimitada) en una sociedad cuyas necesidades e ideales estuvieron (y en cierto sentido siguen estando) largo tiempo sin colmar.
La posición pictórica de Džuppová ya se ha consolidado en nuestra escena; es de las que no pasan inadvertidas. Su resonancia, en origen solitaria, acabó contextualizándose precisamente a través del prisma de lo imaginativo, lo narrativo y, en sentido positivo, lo ilustrativo, por ejemplo con la obra de Svätopluk Mikyta; su existencia y aceptación animaron sin duda también a otros.
Así sucedió y sucede que un modelo de expresión artística antaño «indigno» —sí, nuestra escena tiende siempre a considerar inadecuado algún modo de expresión artística— ha regresado como plenamente significativo y actual. Y a través de él lo lograrán también otros. Richard Gregor, Bratislava, 24.1.2018
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